Tras una nueva visita de los gitanos a Macondo, pero esta vez con un efecto mucho más marcado sobre el pueblo que cualquiera de las anteriores, incluso hasta el punto de haber transformado al pueblo en un carnaval de fantasías, ruidos e invenciones magnificas; el fanático y amigo personal gitano, José Arcadio Buendía, en un intento desesperado por reencontrarse con el que fue su mentor y después gran amigo, termino por , tras recibir testimonio de varios de los visitantes de la caravana de los gitanos, asimilar la el fallecimiento de su queridísimo maestro ante las fiebres en los médanos de Singapur e incluso tuvo que resignarse a no ser capaz de volver a ver ni el cadáver del difunto pues yacía en lo más profundo del mar de java.
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